Vivimos en una era en la que los gobiernos avanzan con más rapidez hacia lo que se ha llamado “estado de vigilancia”. Por lo tanto, dado esta tendencia actual, yuxtapuesto contra los abusos descubiertos mediante las leyes de FOI, no es de sorprender que el concepto de libertad de información haya tenido oposición. Más que unas cuantas agencias gubernamentales han librado batallas campales en los tribunales en un desesperado intento de frustrar la democracia y continuar el patrón corrosivo del secreto.
No obstante, los gobiernos no pueden permitirse ignorar la necesidad de tomar responsabilidad. La democracia es intrínsecamente asegurarse de que el gobierno actúa según el deseo de la población. Los servidores civiles deben servir al público, y las autoridades públicas no tienen ningún derecho de ocultar información a la gente a no ser que exista un interés público primordial.
Hoy en día, hay razones para el optimismo cauteloso: más de 50 países ahora han aprobado leyes de libertad de información, y más de la mitad en la última década. Estas leyes están creando noticia en todo el mundo en temas que van de la seguridad pública a la corrupción y a los derechos
humanos.
Este incremento en las leyes de FOI y su uso en todo el mundo representa un progreso bienvenido. Aún así, no nos podemos permitir ser complacientes. En febrero de 2004, Privacidad Internacional, una coalición de profesionales de la informática, académicos, abogados, periodistas, magistrados y activistas de los derechos humanos, hizo público un informe que deploraba el declive de la protección de la privacidad en Europa como resultado de la presión del gobierno de EE.UU. después del 11 de septiembre con el fin crear una infraestructura para el seguimiento y la vigilancia de millones de ciudadanos mundialmente.
Las iglesias de Scientology y sus miembros consideran que es responsabilidad de cada ciudadano el reiterar y reafirmar la verdad esencial de que el gobierno existe para servir a la población. Como dijo L. Ronald Hubbard: “El occidente alcanzó su grandeza bajo el estandarte de la libertad. Pero todas las libertades se desvanecen gradualmente cuando el público no está alerta. La revuelta no es la solución. El asesoramiento firme y unido al gobierno por parte de grupos que defienden nuestra cultura y nuestra libertad por sí solo puede servirnos a todos”.
El núcleo de una democracia verdadera es un gobierno abierto. La Iglesia de Scientology ha llegado a representar una fuerza en pro de la honestidad y los derechos humanos en el gobierno, siendo pionera de lo que realmente es un movimiento mundial por la responsabilidad del gobierno.
Las leyes fuertes de libertad de información brindan a los ciudadanos un remedio para la corrupción y la opresión que pueden ocurrir cuando a los gobiernos no se les imputa la responsabilidad de sus acciones. Con la aplicación de estas leyes, los funcionarios gubernamentales y los representantes electos pueden construir una relación de confianza con la gente que gobiernan, asegurando un futuro de paz y prosperidad.