En la década de 1970 y al principio de la de 1980, miembros de la Iglesia en Gran Bretaña trabajaron con grupos pro-FOIA y miembros del parlamento para promover la necesidad de la FOI como antídoto al secreto que ha sido un sello del sistema de gobierno británico. En 1980, los Scientologists ayudaron a publicar un folleto, ¿Secreto, o derecho a conocer?,
4 que contiene artículos de personajes famosos que explican la necesidad de un Acta de Libertad de Información británica.
El miembro del parlamento Arthur Lewis, que trabajó con Scientologists en estas acciones, previó con exactitud que “existe la posibilidad de que Scientology participe más y más en asuntos públicos” y criticó a “las personas en los asuntos públicos que desean que se mantenga al público ignorante”. Igual que Lewis, los Scientologists se dieron cuenta de que la información falsa o discriminatoria en los documentos guardados por los organismos gubernamentales puede resultar en acciones injustas o totalmente ilegales contra los individuos, organizaciones o sectores completos de la población, tales como comunidades étnicas o religiosas.
Mucho antes de su Acta de Libertad de Información en el año 2000, la Gran Bretaña tenía una regla que requiere que ciertos documentos gubernamentales limitados estén disponibles al público 30 años después de su fecha. Sin embargo, este requerimiento nunca ha sido equivalente a la ley de libertad de información. Cuando los documentos se publican, es demasiado tarde para remediar las injusticias causadas por la información falsa. Además, los que han sufrido por los abusos no tienen recurso.
Por ejemplo, los investigadores de la iglesia recientemente obtuvieron documentos bajo la “regla de 30 años” que revelaron un patrón continuo de discriminación religiosa del gobierno del día, basada únicamente en informes falsos. Si Gran Bretaña hubiera gozado de leyes fuertes sobre libertad de información en ese entonces, esos abusos se hubieran podido sacar a la luz y corregirse décadas antes.
El riesgo representado por los informes falsos en los archivos de los gobiernos invade los amplios temas de la libertad. “Es peligroso estar en lo correcto acerca de temas en los que las autoridades establecidas están equivocadas”, Voltaire observó con astucia. Es peligroso porque, como dijo el Sr. Hubbard en 1969, algunos organismos gubernamentales tienen la tendencia a actuar de repente basándose en la información que tienen en sus archivos sin ninguna intención de verificar si es correcta antes de actuar.
Por lo tanto, la Iglesia, anteriormente, reconoció que el derecho del público a usar la ley de FOI en Gran Bretaña se debería haber implementado desde hace tiempo. Mediante sus esfuerzos, los Scientologists ayudaron a mantener a la vista del público la necesidad del FOIA.
El FOIA de la Gran Bretaña, en vigor a partir de enero de 2005, establece un comisionado de información independiente que puede pedir a las autoridades revelar información que de otro modo se consideraba eximida. Sin embargo, los ministros del gobierno pueden cancelar las decisiones de los comisionados. Este aspecto de la nueva ley, en la que insistió el gobierno, ha causado un gran criticismo.
En enero de 2004, una revisión independiente de la comunicación del gobierno británico concluyó que para implementar el FOIA, “el gobierno debe anunciar públicamente que los ministros no usarán el derecho de veto”. La revisión citaba el propio libro blanco del gobierno sobre FOI, que señalaba que tal veto “socavaría la autoridad del comisionado de información y la confianza del público en el Acta”. Exigiendo una “cultura de transparencia”, los autores de la reseña criticaron “el sistema actual donde el uso de información como arma política ha contribuido a la atmósfera de sospecha mutua entre el gobierno y los medios de difusión nacionales”.
Estas declaraciones hacen hincapié en la razón por la que la iglesia está dedicada a eliminar la “cultura de secreto” que incluso se encuentra en ciertos gobiernos democráticos. La ley de libertad de información y la disposición de los políticos a aplicarla servirán al final tanto a la población británica como a los numerosos servidores que sufren por la pérdida de confianza del público.