 El Congreso de EE.UU.
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La revelación de documentos a los investigadores de la iglesia produjo evidencia condenatoria de experimentación peligrosa en los ciudadanos norteamericanos.
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La protesta de los medios de difusión fue internacional en los principales periódicos, incluyendo el International Herald Tribune, publicado en París, que el 31 de julio de 1979 declaró que el informe de la Iglesia al Comité de Desarme de las Naciones Unidas “representa más de 500,000 horas de investigación aquí y en el extranjero...” Ciertamente, EE.UU. y Gran Bretaña condujeron amplia experimentación con BZ. El Tribune informó de la admisión del ejército de EE.UU. de que se le había dado BZ a 362 personas en julio de 1975. La censura internacional por tener en reservas esta peligrosa sustancia química convenció al gobierno de que comenzara su destrucción. Una década más tarde, el ejército de EE.UU. finalmente anunció que había destruido completamente sus existencias.
Al principio de la década de 1980, la investigación de la iglesia también reveló que el gobierno de Alemania Occidental sabía sobre las reservas de armas químicas peligrosas en la zona rural en las afueras de la ciudad de Pirmasens, a pesar de que estaba prohibido desarrollar armas atómicas, biológicas y químicas según la convención del ABC3 de 1954. A pesar de que las reservas suponían una amenaza inminente para los ciudadanos por la posibilidad de escape, el diario alemán Heilbronner Stimme informó el 11 de julio de 1981 que “no hay precauciones especiales para la protección de la población contra los accidentes que resultan de transportar y guardar estos tóxicos”.
Estos hallazgos causaron discusiones entre el público sobre los peligros potenciales de tales armas e incrementaron mucho el estado de conciencia sobre este asunto vital. El 14 de julio de 1981, Stuttgarter Zeitung informó: “Esta comunidad religiosa [la Iglesia de Scientology] ha iniciado un ‘Archivo de Armas Químicas’ en Munich. Su organización principal en Norteamérica también descubrió una serie de accidentes peligrosos en el manejo de las armas químicas en Estados Unidos”.
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Y sí, la experimentación irresponsable y peligrosa de organismos gubernamentales de EE.UU. en ciudadanos desprevenidos era el enfoque de otra exposición de los investigadores de la iglesia en 1984. Estas investigaciones relevaron que el personal de la División de Operaciones Especiales del Cuerpo Químico del ejército de EE.UU. usó maletines especialmente diseñados para esparcir bacterias entre pasajeros que no sospechaban nada en el aeropuerto nacional de Washington D.C. y en la estación de autobuses Greyhound. Esas pruebas de 1964 y de 1965, tenían el propósito de estudiar las consecuencias del uso de la viruela u otros agentes biológicos en sitios públicos, en los que se usaron el Bacilus subtilus, un microbio que desde entonces se ha encontrado que causa síntomas de infección respiratoria, de la sangre e intoxicación. El staff de la División de Operaciones Especiales calculó que los “pasajeros infectados” transportaron el bacilo a más de 200 ciudades.
Poco después de estas revelaciones, la iglesia sometió documentación al senador de EE.UU. James Sasser. Más tarde, la Prensa Asociada informó que Sasser había detenido los recursos que el ejército estaba recibiendo para mejorar las instalaciones de tests de armas biológicas.
Los investigadores y los expertos en el campo de las armas de guerra químicas y biológicas a menudo usan el trabajo que la iglesia ha realizado en la documentación y exposición de estos experimentos peligrosos. Por ejemplo, en su muy apreciado libro de 1982 (desde entonces se ha publicado otra vez), Una manera superior de matar: La historia secreta de las armas de guerra químicas y biológicas, los autores británicos Robert Harris y Jeremy Paxman dieron las gracias a “la Iglesia de Scientology... [por hacer] que estén disponibles los documentos que habían descubierto en su campaña contra las armas de guerra químicas”.