La transparencia gubernamental se ha reconocido como un elemento tan clave para preservar la libertad y la democracia, que la Asamblea General de las Naciones Unidas, en su primera sesión en 1946, adoptó la Resolución 59 (I), que se inicia diciendo: “La libertad de información es un derecho humano fundamental y es la piedra de toque de todas las libertades a las que las Naciones Unidas están consagradas”.
Ese profundo sentimiento continúa reafirmándose décadas más tarde, como por ejemplo, cuando un relator especial de las Naciones Unidas sobre la libertad de opinión y expresión anunció en su informe de 1995 a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas: “La libertad se verá despojada de toda su eficacia si la población no tiene acceso a la información. El acceso a la información es básico para la forma de vida democrática. Por lo tanto, la tendencia a ocultar información a la población en general se debe frenar con fuerza”.
Una de las herramientas principales para apoyar estos fines es la legislación sobre la libertad de información. Tales leyes le dan a la gente el derecho a cualquier información oficial, a no ser que el gobierno o las autoridades públicas puedan mostrar que su revelación causará daño real a los intereses esenciales, tales como la defensa, la seguridad, el cumplimiento de la ley o la privacidad. La legislación sobre la libertad de información permite a los ciudadanos ejercer algún control sobre su gobierno e inspeccionar sus acciones, proporcionando así una garantía contra la corrupción y el abuso del poder.
Sólo donde existen leyes de libertad de información eficaces es posible un gobierno realmente transparente, y sólo en tales naciones puede haber una democracia totalmente funcional que protege a los ciudadanos de acciones del gobierno arbitrarias e injustas.
Con el propósito de preservar la democracia e impulsar los derechos humanos, durante muchos años las iglesias de Scientology han abogado vigorosamente por la libertad de información, y han desempeñado un papel clave en cuanto a ayudar a generar tal legislación en muchas partes del mundo. El razonamiento es bastante simple:
En 1951, L. Ronald Hubbard, el fundador de la religión de Scientology, escribió: “Se podrá ver que el área democrática... postula la creencia en la bondad del hombre y en su buen sentido para aconsejar. Postula la creencia de que hombre debe ser libre para decidir por sí mismo. Declara ilegal la tiranía como algo no deseable, y relega el gobierno al servicio del grupo en vez del grupo al servicio del gobierno”.